María
conoció a Ralf Hart (pintor), un hombre de aproximadamente 30 años, él la miro
y le dijo que ella tenía luz, ella a su vez permanecía observando la agilidad y
la rapidez con que él hacia su trabajo, comenzaron a intercambiar palabras
conforme transcurría el tiempo, se comenzaron a conocer hasta que decidieron
salir y caminar por el Camino de Santiago.
En
el recorrido ella pregunto que si lo habían hecho sufrir las mujeres, el
respondió que en sus dos matrimonios, había sido traicionado a su vez también
el traiciono como cualquier pareja; pero después de bastante tiempo ya no me
intereso el sexo.
Ahora
ella exponía su vida en tres tipos de mujeres, dependiendo quien la busque: la
niña ingenua, que mira al hombre con admiración y finge estar impresionada con
sus historias de poder y gloria. La mujer fatal, que ataca a aquellos que se sienten más
inseguros, hacer que se sientan más cómodos y que no se preocupen de nada más.
Y finalmente la madre comprensiva que cuida de los que necesitan consejo y
escucha. Ella dijo:¿ a cuál quieres conocer?
Sabía
que se estaba arriesgando mucho en decir su vida pero, que era mejor vivir o fingir lo que ha
vivido.
Así
fue como ella tuvo el valor de decir a que se dedicaba y donde trabajaba, ambos
estaban consientes de lo que sentían. Y así fue como paso un día feliz.
Para
su sorpresa cuando ella llego a trabajar, el estaba allí, esperando; aquel
hombre que en la tarde parecía tan seguro de sí mismo, que manejaba bien el
pincel, entre otras cosas más, ahora se mostraba con fragilidad, y que había
entrado al lugar equivocado y así fue como el encanto de la tarde desapareció.
El trato
de invitarle una copa pero ella no acepto. Pues estaba atemorizada, empezó a
notar que su autocontrol, la presión, le daban señales de explotar.
La
pasión hace que uno deje de comer, de dormir, de trabajar de estar en paz.
Pasaron
los días y al tercer día, el volvió, esta vez llego más tarde, esta vez ella respondería a la
invitación y alejo a su cliente que tenia, para estar con Ralf. Esa noche seria
la madre comprensiva con él.
El
termino llevándola a su casa y pagando lo de tres clientes por ella, pasaron un
momento agradable enfrente de su chimenea, compartieron un bolígrafo y un vagón,
pasaron un momento muy agradable.
En
los días siguientes, ella descubrió que tal vez la atracción que sentía no era
buena pero pues, qué más da, ya no tenía
nada más que perder, era libre.
Los
encuentros nos esperan pero la mayoría de las veces evitamos que sucedan.
Los
cuerpos aprenden a hablar el lenguaje del alma, ese que se llama sexo.
Todos
sabemos amar, pues hemos nacido con ese don. Algunas personas lo practican
naturalmente bien, pero la mayoría tiene que re aprender y recordar cómo es que
se ama.
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