Por
la experiencia que tuvo decidió ir a buscar trabajo, en Rue de Berne, al sitio
que se dirigió llevaba por nombre Copacabana; un lugar que se componía de una
serie de mesas, una esquina con una especie de pista de baile y algunos sofás
arrimados a las paredes.
María
no tenía experiencia en este tipo de trabajo, ella hablo con una de las chicas
que ya estaba trabajando en el lugar. Y le expuso que era muy simple el trabajo
siempre y cuando obedeciera las 3 reglas: 1ra no te enamores con nadie con
quien trabajas o haces el amor, 2da no creas en las promesas y cobra siempre
por adelantado y 3ra no tomes drogas. Y empieza hoy mismo.
El
dueño fue directo al grano y le pregunto sobre su ropa interior, ella pensó
que como iba resultaría provocativo, sin
embargo no resulto así, de modo que le dijo que la quería con unas braguitas
negras, sujetador y medias panty.
Y el
precio por su cuerpo seria de trescientos cincuenta francos, ella quería ganar
más. Sin embargo el lugar en el que estaría trabajando era uno de los más
caros.
Ella
no entendía las razones de porque sus compañeras habían elegido el mismo
trabajo. Mientras que una chica comento: la prostitución es un negocio
diferente de los demás, la que empieza gana más, la que tiene experiencia gana
menos. Finge siempre que eres una novata.
Otra
chica llamada Nyah le dio el consejo de: gemir en el momento del orgasmo, lo que permite que tu cliente te
sea fiel y a su vez te lleves una propina extra por la satisfacción.
María
dedujo por los trescientos cincuenta francos y en cuanto al tiempo que eran 45
minutos. Si descotamos el tiempo en quitarse la ropa, ensayar alguna falsa
caricia, hablar de algo trivial, vestirse, reduciremos este tiempo a once
minutos de sexo.
Once
minutos. El mundo giraba en torno a algo
que duraba 11 minutos.
Clasifico
a los hombres en tres tipos: los Terminator, que entraban oliendo a bebida,
fingían que no miraban a nadie pero creían que todo el mundo los miraba,
bailaban un poco e iban directos al asunto del hotel. Los Pretry Woman, que
pretendían ser elegantes, amables cariñosos, como si el mundo dependiese de su
bondad para volver a su sitio; eran dulces al principio e inseguros cuando
llegaban al hotel y más exigentes que los Terminators. Y finalmente, los
Padrinos, que trataban el cuerpo de una mujer como si fuera una mercancía. Eran
los mas auténticos, bailaban, charlaban, no dejaban propina, sabían lo que
estaban comprando y cuanto valía, eran los únicos en conocer la palabra
aventura.
El
ser humano puede soportar una semana de sed, dos semanas de hambre, muchos años
sin techo pero no puede soportar una soledad.
La
libertad solo existe cuando está presente. Aquel que se entrega totalmente, que
se siente libre, ama a máximo. Y el que ama al máximo se siente libre.
La
verdadera experiencia de la libertad es: tener lo más importante del mundo sin
poseerlo.
En
el amor, nadie puede machacar a nadie; cada uno de nosotros es responsable de
lo que siente, y no podemos culpar al otro por eso.
Una
vez mas María conoció a otro hombre esta vez se trataría de un pintor….
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